Por favor, no leas esta entrada. ¿Han visto las aves volar? No sé por qué, pero me relaja. Soy un tipo más bien raro. No puedo dormir sin un ventilador. Es indispensable para conciliar el sueño. Soy sumamente dependiente. Tanto así que si no hay un ventilador, no puedo dormir. No es que haya calor, sino que el ruido me arrulla. Sí, lo sé, es algo extraño, pero así son las cosas. El ruido que hacen las aspas golpeando el viento me resulta sumamente relajante, es lo que me hace dormir. Si no existieran los ventiladores probablemente sería un humano decadente consumido casi en su totalidad por las ojeras o, tal vez, ya estaría muerto. He pensado en dejar de hacer tarea, cosa que es bastante incómoda. Una aberración. Nunca me ha gustado hacer tarea, es molesto. Siempre he pensado que es una manera de la escuela de seguirnos hasta el hogar, invadiendo nuestra tranquilidad. No estoy en contra de las labores escolares, pero siempre he creído que éstas sólo se deben hacer allí, en la escuela. No tienen porqué salir de ese lugar. Tengo sequía de imaginación, hace ya más de tres o dos años que no dibujo igual que antes, incluso cuando he estado decidido a dibujar, ya no se me ocurre qué dibujar, ya no me gusta lo que dibujo. Antes ni siquiera le tomaba importancia a eso. Los rinocerontes son interesantes, siempre me han gustado desde que era pequeño, una vez soñé con ser uno de ellos. Me gustaba verlos en los libros, parecían seres de otro planeta, con sus cuernos que intimidaban. Estoy escuchando música que fue hecha antes de que yo naciera. Me molesta bastante cuando la gente dice que es "vieja". Desdichados subnormales. Tengo una cierta sensación cuando pasan en la radio, televisión u otro medio, alguna canción que me gusta, no sé cómo describirlo. Es bastante reconfortante. No sucede los mismo cuando manipulo el reproductor para escuchar la misma canción. Es diferente, quizá el hecho que hace más interesante a la música que tú no has manipulado, es que no te lo esperas, la canción surge de la nada, llega y te golpea los oídos y el espíritu. Las plantas me deben odiar. Cuando paso a su lado suelo cortar una hoja. En especial los Ficus. Soy un ser despreciable. Es una manía muy extraña. Creo que esto es todo. A, por cierto, ¡qué bueno es el jugo de naranja! Debe ser el dios de algún universo alterno, un ser todopoderoso. En algún mundo dominado por los cítricos. Creo que ya no sé qué decir, pero tengo idea de cómo terminar esto. No lo voy a leer antes de publicarlo, es probable que si lo hago termine borrando todo y desechando este intento de entrada bastante banal. Aunque a estas alturas ya lo habré leído para corregir cosas que no me han gustado, soy un mentiroso. La imagen de la entrada, ésa me la encontré por ahí, es un disco que adquirí. Y no tengo idea de qué tiene que ver con esto. Ya dejen de bajar las estrellas del cielo, al final nos vamos a quedar sin deseos. Desdichados hombres que en su afán de conquistar, se aprovechan de las nobles estrellas, disfrazando su incapacidad para el cortejo de romanticismo. Se les hace fácil regalar algo tan bello y puro como una estrella. No tengo facilidad a la hora de hablar, mucho menos para expresar eso que me revolotea en el estómago de una manera escrita. Podrías tener una charla mucho más placentera con una roca. Hice todo lo posible por detenerte.
martes, 15 de mayo de 2012
lunes, 9 de abril de 2012
Ser fantasma ya no es tan fácil
Ser fantasma era un trabajo que muchos deseaban. El ser invisible es una propuesta muy tentadora para muchos. Además, los fantasmas gozaban de un buen sueldo. Conozco personas que dejaron sus trabajos de toda la vida para dedicarse a eso de ser fantasma. Sí, todo parecía fantástico. Lo único que se tenía que hacer en el trabajo fantasmal, cuando mucho, era decir un simple ¡Buuuuuuh! Y la persona salía corriendo despavorida, como quien huye de las deudas. Hasta ese momento, ser fantasma parecía una ganga. Pero los tiempos cambian y las creencias también. El gremio fantasmal se ha visto afectado. La gente ha empezado a dejar de creer en los fantasmas. Para un espectro, asustar a una persona hoy en día, toma tintes de odisea. Ser fantasma ya no es fácil. Ya no es un trabajo bien pagado. Que la gente ya no crea en ti es desmotivador. Ahora los señores fantasmas tienen que buscar nuevas maneras de conseguir un poco de dinero para mantener a sus familias. Ser invisible de por vida, ya no se torna tan divertido a la hora de buscar nuevos trabajos. Hace unos días me topé con un exfantasma que consiguió un trabajo indigno de anuncio flotante. Pobre. Debe ser difícil. Estos son tiempos de escasez. Así que si usted quiere ser fantasma, mejor piénselo dos veces. Ser fantasma ya no es tan fácil.
miércoles, 4 de abril de 2012
Despierto y sigo
Estoy parado en una isla. A lo lejos se puede ver un barco. La voz me es insuficiente para alertar a la tripulación de mi presencia. Voy a ser náufrago por un buen tiempo. Allí hay una palmera. Será mejor que beba algo. El calor es sofocante. Esa roca puede servir para volar o quizás me termine hundiendo en el río. La arena me deja ciego. ¡Qué calor hace! Parece que estoy el infierno. ¡Vamos, ni siquiera he estado en el infierno! ¿Cómo es posible que sepa qué se siente estar allí! Esa gaviota debe saber la respuesta. Se fue volando. Seguro fue a buscar a sus amigos. Me gusta ver a las aves volar. Tendré una fiesta con pájaros, ¡genial! Ahí viene un mapache. Se convierte en mago. Levanta su varita y apunta al cielo. Las nubes giran. El cielo se vuelve rojo. Parece que éste será mi fin. Cae una hoja. Tomo un lápiz y le saco punta. No escribe. Por más que intento no logro trazar ninguna línea. Qué sucede conmigo. La hoja está manchada. La hago bolita... Despierto y sigo, durmiendo.
sábado, 31 de marzo de 2012
No sé qué ha pasado conmigo
El dragón mariposa
Yo solía pasar horas dibujando. Mi diversión eran hojas blancas, una goma de borrar y un lápiz. Simple y efectivo. Podía hacer eso todo el día. Podía quedarme en casa simplemente dibujando, esperando a que se hiciera de noche para ir a dormir y soñar con mis próximos dibujos. Hacía dibujos de todas formas: monstruos inexistentes; animales imaginarios; personas que volaban; dragones, ¡oh sí, los dragones!; guerreros bestiales; y pobres pero divertidos intentos de algunas caricaturas. No sé qué ha pasado conmigo. He dejado de dibujar por un tiempo considerable. Tengo miedo de haber perdido el "toque". Aunque es posible que el "toque" jamás se pierda. Quizá se atrofie, pero no se pierde. Hace tiempo ya no tomo un lápiz y dibujo sobre la marcha, sin pensar mucho, sin ver si el dibujo "se ve bien" o "se ve mal". Ya no dibujo sin importarme cómo terminará ese dibujo. Mi imaginación se está quedando afónica. Debo escucharla, antes de que muera ahogada en un río de quién sabe qué. Tengo que volver a dibujar.
miércoles, 28 de marzo de 2012
Uno debe seguir caminando
Era un día que parecía ser "normal". No hacía calor ni frío. No era de esos días en los que esperas que suceda algo trascendente que te cambie la vida; parecía que nada extraordinario podía suceder. Aquel día salí antes de lo acostumbrado de la escuela. Caminaba por la calle, pateando una lata imaginaria para hacer menos pesado el viaje. Trato de ahorrar lo del taxi cuando me es posible. Estaba nublado. Era un buen día para transportarse a pie. Las condiciones eran optimas. Caminar te da la posibilidad de ponerte a pensar en cosas triviales, como por qué ese perro no tiene collar, o aquella paloma hace su nido en la rama de aquel árbol, o cómo es que ese anciano terminó recogiendo botellas para sobrevivir, qué lo llevó a estar en semejantes condiciones; no debió ser buena persona, supongo. Recolectar botellas no debe dejar mucho dinero, me imagino. ¿En dónde pasará las noches? ¿Comerá bien? ¿Tendrá hogar? Quizá fue duro con sus hijos, nunca los quiso y ahora nadie se hace cargo de él, a nadie le importa si esta vivo o si ya murió hace años. Tal vez golpeaba a su esposa, o abandonó a su familia. Pero uno debe seguir caminando. Cortaba hojas de los arbustos próximos a la acera para distraer la mente. Ponía atención en las aves que encontraba en el camino. Me gustan las aves. Debo apreciarles ahora que aún existen. Seguí, apresurado, sin perder el paso. Sin darme cuenta había recorrido la mayor parte del trayecto. ¡Vaya, cómo se va el tiempo pensando en nada importante! Ahí estaba yo, llegando a casa, terminando un viaje más, a punto de entrar en un callejón que lleva hasta mi hogar, cuando sentí que debía mirar hacia la izquierda (¿o fue la derecha?) sin ninguna razón aparente, y ahí, ¡ahí estaba ella! No sé quién era; cruzamos miradas como si nos hubiéramos puesto de acuerdo. Tenía ojos color miel, nariz atractiva, cejas perfectas y el cabello le llegaba a la cintura, era negro, brillaba, era hermoso. El cabello dice mucho de las personas. Sentí escalofríos. Ella me miraba a los ojos, yo igual. Volví la mirada rápidamente, como un cobarde. Apuré el paso. Quería alejarme de ahí. Lo que debí hacer era correr y besarla, decirle que era el amor de mi vida, que tendríamos dos hijos hermosos, y que viviríamos en una casa en el campo; que beberíamos té por las mañanas, y en las noches observaríamos las estrellas; en los días de lluvia jugaríamos con los niños hasta enfermarnos de gripe. Esa noche no dormí bien. No pude dejar de pensar en eso por meses. No debí voltear... o quizá sí.
domingo, 25 de marzo de 2012
Esto no va para ningún lado
Camino por la calle. El sol quema demasiado. Miro hacia todas partes. No hay rastros de algún automovilista que se digne a llevarme en cualquier dirección. Los caballos voladores ya no existen. Hay un árbol de sombra espesa. Me dirijo hacia él. Es posible que me quede un buen tiempo en este lugar. No tengo salida. Caminar no es una opción, aquí es un desierto. Pienso que esto no va para ningún lado.
Despierto. Todo era un sueño.
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